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Archivo por categorial: Agente de seguros

La marca interna


Dicen que desde hace tiempo en Estados Unidos las grandes empresas se están preocupando mucho por su marca interna.

Con eso de marca interna quieren referirse al sentimiento que transmiten al empleado de su empresa, y que incide en como entiende la empresa, como la ve, que de a gusto se encuentra con sus valores. Si está de acuerdo con sus principios o los solo los acata. Cuando el empleado está contento con su marca no cambiará de empresa, y será un prescriptor más… Es esa idea de los de marketing somos todos.  Todo esto cobra cada vez más sentido cuando cruzamos esta idea de marca interna con las redes sociales.

Dicen que la marca interna podría tener que ver con entre un 5 y un 7% de las ventas.

Cuando hablamos de compañías de seguros la imagen de marca a los empleados sin duda es importante porque en muchos casos tienen mucha relación al exterior, no solo los comerciales, los tramitadores, telefonistas… Pero detrás de los empleados hay un paso más, fuera de la empresa, pero con una ligazón importante: los agentes de seguros.

Me pregunto si las aseguradoras están pensando en esto de la imagen de marca de cara a los agentes. ¿Crees que se preocupan las compañías por la imagen que transmiten a sus agentes? ¿Podrían mejorar los resultados de las compañías mejorando su marca interna?

Vergüenza ajena


Vergüenza ajena es lo que cualquier profesional debería sentir al leer algunas cosas: he dicho muchas veces que creo que los foros en internet son un fiel reflejo de la sociedad.

Hoy me he encontrado con un caso curioso: un joven conductor pretende quedarse con el coche de su abuelo, se lo notifica a su compañía o  agente  de seguros, y la solución que le da es dejar el seguro a nombre de su familiar y hacerle un seguro de vida para cubrir sus daños personales.

Este agente de seguros no debe conocer la póliza que vende, ni la Ley de contrato de Seguro y nadie en su aseguradora le habrá explicado jamás como se actúa en el caso de que ocurriera un siniestro con un conductor novel sin declarar.

Dudo que este hombre quiera engañar a su cliente. Explica lo que sabe, lo que le han contado quien tiene la obligación de hacerlo, la aseguradora con toda probabilidad.

A mi me da vergüenza ajena, pero ¿le dará también a las aseguradoras?

Se pueden leer los comentarios originales AQUÍ.

Mediación y social media


Ayer tuve una agradable comida con colegas, hablaba con 5 profesionales con carteras considerables y mucha experiencia en el sector, y estábamos en una conversación sobre el futuro de este negocio.

Para mi todo lo que sea un poco más allá de la semana que viene creo que conviene mirarlo con un ojo y el otro puesto en los avances de la tecnología (ya me niego a decir nuevas tecnologías) y por supuesto todo lo que venga de la mano de eso que llamamos social media.

Cuando les hablo de pasada sobre esto a mis colegas, venidos desde varías puntas de la península, veo caras de perplejidad e incredulidad; pero sin embargo con curiosidad. Y la conversación sigue por estos derroteros, así descubro que dos de ellos han creado su web en este año. Webs sencillamente corporativas y con actualizaciones inapreciables, que pasarán a lucir dominio en bonitas  tarjetas en carísimas cartulinas… y poco más.

Me parece curioso que parte están convencidos de que el consumidor seguirá comprando siempre en nuestras oficinas, porque tiene malas experiencias de compra on line y acaban prefiriendo el asesoramiento personal. Sin embargo todos reconocemos buscar y comprar cosas en internet.

A estas alturas empiezo a entender a Descartes y ya dudo de todo. ¿Quién se equivoca? Porque quién lo haga… lo hace mucho. ¿Estamos perdiendo el tiempo dándole vueltas a algo que pasará de moda? o ¿Acabarán los escépticos de hoy corriendo a última hora?

La culpa es de la ley


La semana pasada me quejaba de la cantidad de “profesionales” que se han quedado estancados en sus conocimientos o los que nunca los han tenido y por ahí andan aún…

Prometí dar mi opinión sobre el fondo del problema, y por mucho que medite el problema parte porque a las aseguradoras les da igual que la póliza esté bien hecha. Les da igual porque si la póliza está a medias ellas pagan a medias, que es lo que les corresponde, quién pierde es el consumidor.

La ley está hecha pensando en consumidor y compañía como partes de un contrato y “partes iguales” con el mismo peso, los “mismos” derechos y obligaciones. Se entiende que ambas partes saben lo que hacen y por lo tanto si la póliza está mal hecha es porque el consumidor se ha equivocado o ha intentado cometer un fraude. Pero  se nos olvida que puede haber sido mal asesorado.

En el caso de un mal asesoramiento, difícil de demostrar para el consumidor, al final quién vuelve a perder el el asegurado. Si la Ley de Contrato hubiera sido redactada beneficiando en todo caso al consumidor las compañías se encargarían muy mucho de que quién mediara en la contratación de una póliza hiciera el asesoramiento oportuno.

Se me ocurre que de esta manera se solucionarían casi todos los problemas del consumidor de seguros y la mayoría de los que afectan al sector. La mayoría de consumidores estarían a gusto con sus seguros, los comprarían con mejor humor. Todos los agentes de seguros conocerían los productos, las leyes, la jurisprudencia, no haría falta obligar a las compañías a impartir formación, lo harían motu propio. La banca vendería los seguros con criterio… Un mundo cuasi perfecto.

Se que es absolutamente inviable, que de ninguna forma podrá avanzarse hacia este planteamiento. Pero que bonito sería…

El problema


Hace unos días presente una oferta de un seguro para un pequeño negocio local que comenzaba a funcionar. Consiste en venta y reparación de un producto determinado.

Al nuevo empresario le extraño que quisiera ir a ver el local, aún sin rematar y más aún cuando le interrogue sobre su negocio. Al día siguiente vuelvo con un proyecto adecuado a negocio que iba a desarrollar, le explico, me atiende y termina con un “tengo otras ofertas más baratas, te las voy a enseñar”.

Como era de esperar me presenta la oferta de seguro que le había hecho su banco, y se la había hecho en función de no sabemos muy bien qué, porque los capitales ofertados en nada se parecían a los que necesitaba el emprendedor, y las medidas de protección de local comercial no coincidían con la realidad. Le expliqué que si quería que le resolviera los siniestros el superbancario que tan correctamente había preparado la oferta,  al menos modificara un par de cosas…

Pero aún quedaba lo peor, viendo que la oferta bancaria no había por donde cogerla, y entendiendo que solo generaría problemas a la larga, me espeta”Espera, tengo otra de una correduría” y la planta sobre la mesa. El corredor sólo le había presentado una oferta ¿? , en esta si podíamos ver capitales acertados, eso sí, en ningún caso aparecían las coberturas necesarias para que el nuevo empresario estuviera tranquilo y tuviera asegurado el material que tendrá en reparación.

Algunos nos cansamos de repetir que la banca hace muy mal los seguros, no están preparados. Que los equipos de venta de agentes de las compañías solo piensan en facturar a corto plazo. Pero es que el otro lado, el más profesional, el de los corredores,  está igual de mal.

Probablemente estos momentos de crisis hacen que las corredurías prescindan de personal, y que algunas tareas se hagan de manera más rutinaria, sin ver un local, sin investigar realmente a que se va a dedicar, buscando la solución más rápida, y barata,  en vez de la mejor.

De dónde surge el problema y como resolverlo hablaré la semana que viene. Pero el corredor debe ponerse las pilas y demostrar valía o el consumidor lo rechazará definitivamente.

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